Te lo debes estar pasando divinamente en Roma mientras que aquí seguimos igual, empezando la rutina otra vez, costándonos mucho.
Quizá no veas esto hasta dentro de mucho porque se te olvide entrar en el blog cuando regreses o no sé... no piensas que nadie haya podido dejarte un comentario o actualizarte por sorpresa como estoy haciendo yo.
Cuando lo veas estará bien, como si lo descubres a finales de verano, tendrá su gracia.
Bien sabes que eres especial para mí. Después de una sangrienta guerra conseguiste que te hablara y en estos últimos años has sido una de las personas con las que más he hablado y desahogado. Podría ser que nos pareciéramos, o es tan solo empatía. Lo que cuenta es que has sabido estar ahí y si de mi parte no te he mostrado el agradecimiento que mereces, espero que lo recibas ahora.
Existen tiempos para todo y yo contigo los he pasado muy variados. Hablar contigo siempre es productivo. Sea lo que sea siempre sé que no estoy perdiendo el tiempo. Ya podemos estar debatiendo temas serios e importantes en nuestras vidas, que sacaremos siempre algún provecho; ya es posible que nos dé por sacarle el lado positivo a la vida y nos llevemos riéndonos horas y horas.
En cuanto a esto último debo pararme un tanto y acordarme de tanto que he llorado gracias a ti y a los momentos tan divertidos que me has dado. Son muchísimos y lo sabes.
Te da igual el camino que yo elija, vas a aconsejarme según tu punto de vista, dándome la mejor opción que creas conveniente.
Realmente, siempre intento hablar contigo antes de actuar de cualquier forma. No siempre es así porque ya conoces mi parte característica que se identifica por la falta de confianza en los demás, entre otras cosas que ya entiendes de sobra.
Es cierto que nuestros destinos se han separado un tanto más de lo que pensábamos pero la amistad ha sabido combatir cualquier posible distanciamiento.
Dijimos cuando viajamos a París que volveríamos y eso he de asegurarte que se cumplirá al precio que sea (sobre todo si tú te haces diseñador o periodista y yo... yo consiga un trabajo de algo). Vamos a volver a comer esos crepes que nos llenaron el estómago tan placenteramente. Iremos a Disneyland, nos gastaremos otra fortuna en peluches y demás artículos innecesarios y, al menos yo, lloraré cuando vea la cabalgata.
Sólo espero haberte ayudado en tanto como tú a mí. Haber hecho que te sientas querido, escuchado y acompañado.
Sé que te he aportado algo. Sé que tú sabes que también me has influido.
Por último, sé que soy una borrica, pero soy una borrica de dieciséis años, mientras tú, especie indefinida, cumples hoy diecisiete. Y lo haces en Roma, muy lejos de tu monotonía, pero muy cerca de lo que te quiero.
Que cumplas tantos años como sean necesarios para realizar tu vida tal y como la sueñas, y que puedas contármelo.



